!Albricias! Thomas Pynchon inaugura nueva novela. Y para mejor, no un mamotreto -propicio a las espirales hermenéuticas y a los devaneos intertextuales- sino un librito, una novelita, una
nouvelle. Mientras otros agotan su vida en la búsqueda de notoriedad política, yo planeo mi itinario existencial en la minuciosa tarea de traducir clandestinamente las últimas novelas del alumnus de Cornell. Alguien debía acometer la empresa (con el pecho henchido de
nerdiness) después de la defección de las grandes editoriales. Eso me dije. Así que pongámoslo de esta manera:
-Alguien tendría que emprender la tarea después de la defección de las grandes editoriales- me dije.
Empero, también elucubré la posibilidad de un movimiento inverso pero unívoco (o armónico) al proyecto autorístico del nerd heroico, esto es, un vaciamiento canónico de la categoría autor a través de la desaparición de la voz (
autorizada) y autorreferencial y la proliferación consecuente de discursos de segundo orden,(metatextos acerca de ese vacío). Su inversión y univocidad sería la polifonía en el discurso
autorizado. Armar una wiki para una traducción colaborativa. Si todos somos culpables, nadie irá presos por violentar el sacrosanto derecho de autor, último bastión del humanismo minimalizado.
Lo que digo es lo siguiente: